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Casi terminado y sin nombre

In cómic, Ensayo, proyectos on mayo 15, 2009 at 9:34 pm

Podría seguir durante eternas frases seguir entregando el lado freak y superheroico de mi versión de la historia moderna, contemporánea y postmoderna. Siempre son interesantes las vertientes ucrónicas que nos ofrece la libertad creativa. Sin embargo, allí esta la trampa, el subtexto y contenido son los reguladores permanentes del mensaje. Así que en esta tercera parte trataremos de hablar del significado de la narración gráfica como método de incursión quirúrgica en la historia del significado. Semiótica + dilectita = …watchmenología…jeje. Si bien los trabajos de Alan Moore son la guía de este proyecto también debemos entender el contexto desde donde estos se generan y principalmente el contexto hegemónico que administra su discurso. Por una parte tenemos que los trabajos de Moore se desarrollan en el contexto histórico que necesariamente los recluye a la crisis valórica de las metrópolis capitalistas viven durante los años 80. Años de la neo restauración capitalista mundial. Años donde la crisis post colonial, la verdadera guerra fría del tercer mundo, ha parido unos cuantos estados de muy heterogénea orientación de acuerdo a quien invirtió más dinero en cada guerra post colonial. Y Chile, con toda su rutilante dependencia periférica, fue un buen laboratorio de ensayos en ese teatro de guerra maldito. Así que difícilmente Hombres Imposibles puede ser considerado como un intento de hacer Watchmen en Chile. Más bien es contemporáneo de las historias que generacionalmente lo hermanan. Es decir Planetary y The Authority. Ya veremos por que. Por una parte los trabajos de Moore, en su momento peak, representaron una transición ideológica del personaje de historieta. (En este momento nos despedimos de lso calamares gigantes, los cuentos de la fragata negra, el Under the Wood y todo el atrezzo estilizado del universo Watchmen para trabajar definitivamente en el campo del discurso. ÑOÑOS ABSTENERSE): los 80 en el guión de Moore son el teatro de transitar desde un tipo de personaje hacia otro. El parto de una era nunca ha sido un hecho pacifico. Sino pregunta a las culturas del este en los 30,40 y 50. Pregunta a los africanos en los 50 y 60. Pregunta a los vietnamitas y africanos del sur en los 70 y 80. Pregunta a los bosnios en los 90. Pregunta a los afganos de esta década. Y dicho sea de paso pregúntale siempre a vascos, irlandeses y, por que no, a mapuches. Siempre que se esta pariendo una era. La violencia es la madre partera de la historia. Moore lo entiende tan bien como cualquier guerrillero de un estado post colonial: toma al ciudadano promedio y ejemplar del ciclo dorado del capitalismo central (el ciudadano blanco y cristiano del macartismo), lo pone al diván del sicoanalista. Le entrega un buen coctel de crack. Le muestra el recorte presupuestario de sus derechos sociales (cortesía de Reagan tacher y Gorbashov), le muestra un enemigo abstracto (el imperio del mal) y lo suelta al mundo. Y allí esta. El delator anticomunista de los 50 se transforma en un reprimido sexual (los 80 son el decenio de oro de la pornográfica…irónico ¿no?) y allí tenemos al fascista desatado de la era Reagan. Travis Bickle (Taxi Driver) es Roshard. Debe matar. Debe remarcar su blanca moral abstracta contra una sociedad que ya prescinde de él. No en vano los 80 son tan hedonistas. Hipócritas. En una era como esa se necesitaban como nunca los superhombres para liberarnos del hombre. Y Moore los hace tan despreciables. Tan humanos. Tan nosotros. Y tan centrales. Tan propios de Manhhatan o Londres. Nuestras metrópolis de carne y hueso. Pólvora y racismo. Sueños desperdigados por la cuneta económica del despojo. Primera conclusión: Hombres Imposibles deberá ser considerado y criticado desde la lógica de la del estado post nacional, esa cruel herencia que nos deja la globalización, antes que de los supuestos ñoños y siempre cómodos de la lógica post colonial. Moore deconstruye al personaje en dicha lógica. Y profundizar ese trabajo implicaba deconstruir al vigilante de Moore en la lógica de estados lacayos de un todo orgánico global y real. Nosotros somos las hormigas y el club de blinderberg el niño con una lupa que nos quema. Los Hombres Imposibles son un cómic en la línea de Watchmen: deconstruyen a un tipo de personaje tipo para convertirlo en otro. Del indefenso ciudadano post colonial que acepta a la globalización como las plantas aceptan el agua. A un ciudadano post nacional de la periferia capitalista dependiente. Estamos definiendo a nuestros héroes como rebeldes antiglobalización. No como funcionales administradores – vigilantes de la una realidad preconcebida. No en vano: “PARA QUE LA JUSTICIA CUMPLA SE NECESITAN HOMBRES IMPOSIBLES”

(En otra ocasión mas elementos).

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